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Por qué no he comprado el e-libro sobre Steve Jobs en la e-librería de Apple

Hace dos décadas que mis ordenadores habituales son Macintosh. Leo prácticamente todos mis diarios y revistas en un iPad. Y no utilizo normalmente un iPhone porque los teléfonos sin teclado físico no me permiten escribir lo bastante rápido, pero el de Apple es el que suelo recomendar a quien me pide consejo sobre el móvil que debe comprar -o lo era, hasta que han aparecido los Windows Phone, pero ésa es otra historia-. Lo más natural, pues, sería haber comprado en la librería iBookstore de Apple la interesante biografía de Steve Jobs -cofundador de Apple- escrita por Walter Isaacson. Pero he preferido hacerlo en la librería Kindle de Amazon.

Mi motivo principal para esquivar el iUniverso en este caso tiene un nombre: multiplataforma. Los libros electrónicos comprados en iBooks sólo se pueden leer en los aparatitos de Apple: el iPhone, el iPad y el iPod Touch. En cambio, los comprados en Amazon no sólo se pueden leer en sus propios dispositivos lectores Kindle, sino que la firma también ofrece aplicaciones para hacerlo en otras plataformas, desde ordenadores Windows y Mac hasta smartphones BlackBerry y Windows Phone, tabletas y smartphones Android y, por supuesto, tabletas y smartphones iOS de Apple. De hecho, incluso puedo usar cualquier navegador web reciente para acceder a mi biblioteca digital a través de Cloud Reader, sin tener que instalar ninguna aplicación.

De este modo, puedo comenzar una novela con el iPad que tengo en la mesilla de noche y seguir leyéndola con el móvil mientras viajo en tren o metro, sin perder el hilo gracias a que la función Whispersync recuerda en que párrafo lo dejé y sincroniza todas las aplicaciones a través de la nube de Internet. Es cierto que el sistema de Apple también realiza esta función a través de iCloud, pero los libros comprados quedan confinados eternamente a los equipos de la manzana, y los sistemas de protección anticopia ya constituyen limitación suficiente. Además, me sentó muy mal que Apple obligase a Amazon, Barnes & Noble y Kobo a desactivar la función de compra directamente desde las aplicaciones Kindle para iOS si no accedía a cederle el 30% de los ingresos. (Naturalmente, es posible seguir comprando e-libros en Amazon desde los equipos de Apple, pero hay que hacerlo a través del navegador web o de una aplicación específica, diferente de la de lectura).

Otra de las ventajas de los e-libros Kindle es la lectura social: cuando los leo, algunos párrafos aparecen subrayados; se trata de los que otros lectores del mismo título han destacado haciendo públicas sus anotaciones personales. No es una función muy utilizada, pero debo decir que hasta ahora he coincidido bastante en cuanto a la importancia de los fragmentos que he encontrado resaltados, especialmente en ensayos.

Donde sí es iBooks el que gana la partida es en los e-libros enriquecidos con contenido multimedia. Esta ventaja se irá acentuando a medida que aumente el uso de iBooks Author, el programa gratuito para Mac que facilita la creación de libros digitales interactivos, y especialmente cuando Apple extienda a otros países la sección de la iBookstore de EEUU dedicada a los libros de texto. Entretanto, los títulos multimedia más completos no suelen comercializarse en forma de libros propiamente dichos, sino como aplicaciones independientes descargables de la tienda App Store.

Lo que sí comparten Amazon Kindle y Apple iBookstore -y otras e-librerías, como las de Leqtor y Casa del Libro– son unos precios que todavía no responden a las expectativas de los lectores digitales: la diferencia de coste entre la edición convencional en papel y la edición electrónica de la mayoría de las novedades editoriales suele ser muy poca -y en algunos casos, a favor del papel. Parecería lógico que los menores costes de materias primas, transporte y almacenamiento derivasen en unos e-libros más económicos, pero las editoriales alegan que el coste de digitalización de sus fondos es elevado, y se aprovechan de que la comodidad de poder comprar y empezar a leer un e-libro a los pocos minutos de haberlo descubierto merece ser pagada. Pero evitan discutir el gran negocio de los libros digitales: al estar vinculados a los dispositivos que figuran en la cuenta del comprador en la librería correspondiente, no se pueden prestar una vez leídos, de modo que el número de ejemplares vendidos a igualdad de lectores debe de ser necesariamente mayor.

publicado originalmente en La Cafetera Rusa de La Vanguardia

Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.

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