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Por qué tus contactos de WhatsApp se están apuntando a Telegram

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«Fulanito se ha unido a Telegram». Muchos lectores que ya tenían instalada la citada aplicación de chat hace días que reciben el móvil un goteo de mensajes como este, avisándoles de que alguna de las personas incluidas en su lista de contactos se acaba de incorporar al círculo. Las notificaciones en cuestión, además de ser un atentado lamentable contra la privacidad del nuevo usuario, indican que un número creciente de personas han considerado conveniente adoptar Telegram precisamente ahora. El motivo más probable es que se trata de la plataforma que los promotores de la mayoría de iniciativas en respuesta al fallo inminente del juicio al Procés -en particular, el llamado Tsunami Democràtic- han elegido para hacer difusión de sus convocatorias.

La elección de Telegram parece acertada, y no precisamente por la leyenda urbana que le atribuye al servicio un mayor grado de robustez que el de WhatsApp ante los intentos de interceptar el contenido de las comunicaciones entre dos personas. En este aspecto, los dos chats ofrecen un nivel similar de intimidad; en todo caso, la balanza se inclinaría a favor de WhatsApp ya que su cifrado utiliza un protocolo -el de Signal- que está auditado públicamente, está activado por omisión y se aplica de extremo a extremo. En cambio, el cifrado de Telegram nunca ha sido auditado y hay que activarlo explícitamente abriendo un chat privado con el interlocutor. Esto se debe a la diferencia de arquitectura entre las dos plataformas: WhatsApp conecta exclusivamente un teléfono con otro -las aplicaciones que permiten usarlo en un ordenador se limitan a controlar el teléfono vinculado-, mientras que una misma cuenta de Telegram se puede tener abierta y funcionando con aplicaciones nativas simultáneamente en varios dispositivos que se deben sincronizar entre ellos a los servidores.

Sin embargo, Telegram presenta numerosas ventajas respecto a WhatsApp. Es habitual mencionar la función de supergrupos del primero, con una capacidad de hasta 100.000 participantes respecto a los 256 que ofrece el segundo como máximo, pero no encuentro que esto sea ninguna mejora. En cambio, sí lo son los canales de difusión que se pueden crear en Telegram: admiten una cantidad ilimitada de receptores y son el motivo principal para adoptar la aplicación en situaciones como la que nos ocupa estos días. Además, Telegram hace un uso muy prudente del número de teléfono móvil del usuario: hay que facilitarlo para darte de alta en el servicio, pero a partir de entonces puedes esconderlo detrás del nombre de usuario que más te guste. La diferencia es abismal con WhatsApp, que no sólo hace visibles los números entre todos los miembros de un grupo, sino que permite añadir sin permiso, a un grupo, cualquier usuario de quien tengas el número de teléfono. Por si fuera poco, los responsables de Telegram enorgullecen de ignorar olímpicamente todas las peticiones de información sobre sus usuarios que reciben de las autoridades, lo que ha conllevado a la plataforma no pocas acusaciones de ser un reducto para actividades ilegales.

Telegram también tiene una estructura de permisos y notificaciones mucho más granular: en vez del todo o nada de WhatsApp, se pueden aplicar excepciones concretas a las reglas generales. Por ejemplo, se pueden mantener desactivadas todas las notificaciones de Telegram menos las de los mensajes que te escriben las personas de tu círculo más íntimo. Finalmente, a pesar de no ser una verdadera plataforma de trabajo en grupo como Wire, Slack o la catalana Noysi, que se integran con aplicaciones de terceros y ofrecen almacenamiento y colaboración, Telegram sí tiene algunas funciones prácticas que no se encuentran en WhatsApp, como la creación de encuestas -imprescindible para decidir el mejor día para quedar a cenar en grupo-, el envío de mensajes en diferido o la autodestrucción programada de mensajes.

De hecho, el futuro de Telegram apunta más allá del simple chat. Todo indica que sus creadores pretenden convertirlo más bien en el WeChat occidental. Si el servicio de Telegram ha sido siempre gratuito -a diferencia de WhatsApp, que inicialmente pretendía cobrar un euro anual hasta que Facebook decidió que le salía más a cuenta usarlo para capturar datos de los usuarios-, es porque su creador, Pável Dúrov, lo mantiene en funcionamiento pagando de su bolsillo los servidores y el equipo de desarrollo -unas 50 personas, la mayoría itinerantes- con la fortuna que obtuvo vendiendo la red social VKontakte, la copia rusa de Facebook. Pero hace unos meses que Telegram dispone también de un colchón financiero de 1.800 millones de dólares aportados por 180 inversores privados que han apostado por la futura plataforma blockchain de Telegram para desarrollar servicios comerciales más allá de la mensajería. El modelo de negocio es opuesto al de Facebook, que explota comercialmente los datos de los 1.500 millones de usuarios de WhatsApp, mientras que Telegram no lo hace con las de los suyos, que ya deben de superar los 400 millones. Lo más interesante a partir de ahora será ver cuántos de los usuarios recién llegados de Telegram acaban abandonando WhatsApp como chat de uso habitual. Yo lo haría sin pensarlo dos veces.

Tsunami de chats

De cara a las previsibles movilizaciones de los próximos días, recuerde que todas las comunicaciones por medios que utilicen la conexión móvil a internet, tanto por correo electrónico como por Telegram, Signal o WhatsApp, son susceptibles de ser interrumpidas por las autoridades, que han demostrado sobradamente que pueden obligar a las operadoras de telefonía a bloquear el funcionamiento de protocolos específicos o incluso a dejar sin cobertura zonas determinadas. Si le preocupa realmente quedar incomunicado, es aconsejable tener descargada en el teléfono alguna aplicación de chat como Bridgefy o FireChat, que en vez de funcionar sobre la conexión a internet se conectan directamente por Bluetooth a otros dispositivos cercanos que también las tengan instaladas y abiertas. La gracia no es escribirte con alguien que tienes al lado, sino que crean sobre la marcha una red descentralizada de alcance tan amplio como la cantidad de usuarios que haya entre los dos extremos de la comunicación. No es que los dos servicios citados sean especialmente seguros en comparación con Telegram, por ejemplo, pero son un recurso útil en ausencia de cobertura de internet móvil, como han descubierto las últimas semanas los manifestantes de Hong Kong.

Y ya que hablamos de la isla asiática, es muy probable que estos días aparezca por aquí al menos una variante local de HKmap.live, el servicio con el que los manifestantes allí se avisan en tiempo real de la presencia de patrullas policiales, el cierre de calles y estaciones y otras incidencias que van encontrando. Bajo presión del gobierno chino, Apple ha retirado de la AppStore la aplicación de HKmap.live para los iPhones, pero el servicio continúa accesible con el navegador web de los teléfonos.

Publicado en el diari Ara

20191014

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Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.

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