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Médicos de pulsera

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Estos días he comprobado que mi reloj -un Fitbit Versa ya descatalogado- no sólo me regaña si no camino lo suficiente para alcanzar el objetivo diario de pasos, sino que también me dice cada mañana como ha evolucionado durante la noche mi nivel de oxígeno en sangre, un indicador vinculado a la presencia de apneas del sueño. El gráfico horario se encuentra escondido discretamente al final de una pantalla de la aplicación móvil de Fitbit a la que sólo se llega después de pasar por varios menús, pero a partir de ahora lo consultaré habitualmente con interés, al menos mientras se mantenga el riesgo de contraer una enfermedad respiratoria tan grave como el Covid-19. Y, si alguna vez veo algo anormal, llamaré al 061 y se lo explicaré.

Básicamente la sanidad tradicional funciona de manera reactiva: cuando nos encontramos mal, pedimos visita al médico, que nos examina, lleva a cabo pruebas diagnósticas o las pide a un tercero y nos prescribe un tratamiento en función de los resultados. El sistema ha funcionado bien durante siglos, pero no es precisamente óptimo, ya que depende de nuestra propia percepción de los síntomas y a menudo, cuando se manifiestan con suficiente intensidad para notarlos, la enfermedad ya está en una fase más avanzada y resulta más difícil de revertir.

Un remedio son las revisiones de salud preventivas que detectan los posibles problemas en una fase incipiente, pero no todo el mundo es lo suficientemente disciplinado o tiene los recursos económicos para someterse a ella periódicamente, y la sanidad pública las reserva para prever las enfermedades potencialmente fatales, como hacen los programas de detección precoz de cáncer de mama y de útero mediante mamografías y citologías o de próstata con análisis del antígeno prostático específico o PSA.

Monitorizando las constantes

Este tipo de pruebas, como muchas otras, se deberán seguir haciendo como hasta ahora durante muchos años, pero existe una nueva generación de dispositivos electrónicos que, gracias al abaratamiento de los sensores fisiológicos, ya permiten monitorizar de manera continuada muchas de nuestras constantes vitales y, analizando los datos captados, detectar en nuestra condición física anomalías que un especialista deberá examinar aplicando sus conocimientos y experiencia. Idealmente, el sistema de salud funcionaría de manera proactiva: el cardiólogo nos llamaría para pedirnos que le visitemos porque nuestro dispositivo le ha avisado de que este mes, por ejemplo, hemos tenido más arritmias cardíacas de las habituales.

Las capacidades de los dispositivos electrónicos que se llevan puestos (los que en inglés llaman wearables) han aumentado espectacularmente en pocos años. Los brazaletes que inicialmente se limitaban a contar pasos para incitarnos a hacer ejercicio pronto añadieron un sensor de ritmo cardíaco que ahora ya nos indica de manera continuada cómo nos late el corazón.

Gracias a un software cada vez más sofisticado, estos datos también se combinan para registrar el tiempo que dormimos e identificar cuánto tiempo pasamos en las diversas fases del sueño (ligero, profundo, REM), cuya proporción determina la calidad de nuestro reposo nocturno.

Últimamente la tendencia se ha acelerado. Los dos modelos más recientes del reloj Apple Watch (la marca más popular, con un 55% de las unidades vendidas en el mundo durante el trimestre anterior, según Strategy Analytics) son capaces de practicar a voluntad del usuario electrocardiogramas con validez clínica. Las autoridades sanitarias de Corea del Sur acaban de homologar una función del reloj Samsung Galaxy Watch Active 2 que mide directamente la tensión arterial del usuario, previa calibración con un tensiómetro de brazo o de muñeca. El nuevo modelo 2 del citado Fitbit Versa incluye un micrófono que, además de permitir hablar con la mayordoma digital Alexa de Amazon, también se puede activar automáticamente mientras dormimos para detectar si roncamos, una operación que hasta ahora requería dejar el móvil encendido en la mesilla de noche con una aplicación de terceros como Sleep as Android. Y la firma Withings -propiedad de Nokia- presentó en el pasado CES el ScanWatch, un reloj híbrido que realiza tanto electrocardiogramas como mediciones de la apnea del sueño.

No todas las marcas ni todos los modelos ofrecen todas las funciones, y algunas incluso desaparecen: Samsung, por ejemplo, incluía un tensiómetro en los smartphones de gama alta, hasta los Galaxy S9, que también indicaba el nivel de estrés a partir de las variaciones instantáneas del ritmo cardíaco, pero los S10 y los S20 ya no la llevan. Sin embargo, la tendencia a cuantificar nuestro estado físico es imparable.

Hay profesionales sanitarios que aún dudan de la validez de estos dispositivos, alegando que en muchos casos no disponen de las homologaciones oficiales necesarias, que suelen ser bastante conservadoras. Por eso las marcas evitan a menudo presentar sus aparatos como dispositivos médicos, y se acogen a eufemismos como “valores estimados” o “con fines recreativos”. Pero incluso en los casos en que la falta de calibración ponga en duda los valores absolutos de alguna constante vital, su evolución a lo largo del tiempo resulta igualmente valiosa.

Por ejemplo, mi Versa no me indica mi nivel concreto de saturación de oxígeno (SPO2), pero sí a qué horas de la noche ha bajado más. En cualquier caso, las reticencias de algunos médicos a aceptar las medidas de nuestros relojes no han impedido que centros médicos prestigiosos de EEUU, como las universidades de Harvard y Stanford o la clínica Mayo, lleven años haciendo estudios clínicos masivos con los datos que aportan los relojes Apple Watch de decenas de miles de participantes voluntarios.

Dispositivos que no se comunican

Además a pequeña escala, probablemente el obstáculo principal para aprovechar las funciones de salud de nuestro reloj inteligente es la falta de interoperabilidad entre los diversos dispositivos para consumidores. Por ahora lo más habitual es que cada aparato proporcione datos únicamente a su aplicación y que no puedan pasar de la una a la otra, lo que impide cruzarlas y descubrir eventuales correlaciones si no te limitas a usar productos de una misma marca.

En la apli Samsung Health de mi teléfono puedo ver las medidas de presión de mi tensiómetro Ivy, pero en cambio no el peso que ha registrado mi báscula de baño Fitbit Aria, que sólo aparece en la apli de Fitbit, junto con el ritmo cardíaco, el recuento de pasos y el de horas de sueño. Y todavía hay omisiones flagrantes: no tengo ningún termómetro conectado, pero si me tomo la temperatura corporal con un termómetro convencional sólo puedo anotarla (y obtener un gráfico de evolución que en el momento actual sería muy útil) en la apli de salud de Apple, ya que las de Samsung, Huawei y Xiaomi ni siquiera cuentan con un campo para hacerlo.

Publicado en el diario Ara

20200510

Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.

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