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El vía crucis de comprar entradas por internet

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Como hay que apoyar la cultura, el domingo pasado quise comprar anticipadamente y por internet las entradas para un espectáculo programado para primeros de diciembre. Una operación que he hecho antes decenas de veces sin ninguna incidencia. Pero en esta ocasión las cosas se complicaron hasta extremos insospechados.

El recinto donde se hará el espectáculo es el Teatro Auditorio de Granollers (TAG). En su web se puede acceder a la aplicación de reserva de localidades de la empresa gerundense Koobi, que como todas las de este estilo permite elegir sobre un plano de la sala los asientos deseados y que en estos tiempos de pandemia hasta todo deja automáticamente espacios libres entre los grupos de espectadores que compran juntos las entradas.

Inicialmente, a pesar de ser no muy práctico para el tamaño de la pantalla, utilicé el teléfono móvil, que ese día era un iPhone SE. Una vez elegidas mis seis entradas, aplicados a tres de ellas los descuentos disponibles por razón de la edad y después de identificarme con las credenciales de compras anteriores, pasé a lo que esperaba que fuera el último paso, el pago con tarjeta. En este caso, mediante el TPV (terminal de punto de venta) virtual incluido en la web, que es el de Comercia Global Payments, filial de CaixaBank. Introduje el número, la fecha de caducidad y el código de verificación de mi tarjeta, que es del Banco Sabadell … y la respuesta no fue el esperado mensaje de confirmación con un enlace para descargar las entradas, sino otro indicándome que no se había podido completar la operación de pago porque mi navegador web tenía desactivadas las cookies, y diciéndome que las había de activar y volver a probarlo. Como es natural, tengo activadas las cookies en todos mis dispositivos, pero pensando que podía ser un problema del acceso con teléfono fui a la computadora para repetir allí la compra. Antes de hacerlo, sin embargo, tocaba esperar 20 minutos que el sistema liberara las butacas de la sesión anterior no finalizada. Podría haber elegido otras butacas y ahorrarme la espera, pero por la composición del grupo me convenía que fueran precisamente aquellas.

Ahora ya al MacBook Air y con el navegador web Brave, volví a empezar el proceso: selección de butacas, aplicación de descuentos, entrada al TPV virtual, introducción de los datos de la tarjeta … y obtuve el mismo mensaje de error sobre la necesidad de activar unas cookies que ya estaban activadas. Pensando que no fuera cosa de Brave, cargué de paciencia y, 20 minutos más tarde, inicié la compra por tercera vez, ahora con el navegador Safari de Apple. Como ya debéis suponer a estas alturas, el resultado fue idéntico: compra infructuosa. Aquí opté por el recurso tradicional: buscar el número de teléfono del TAG y llamar pidiendo ayuda. A esas horas -un tarde del domingo sin ningún espectáculo en curso- ya no había nadie en las taquillas, pero una señorita me atendió amablemente por recomendarme que volviera a llamar el día siguiente y concertara una cita -son tiempos de pandemia – para comprar presencialmente las entradas … el jueves o el viernes. Ante mi desconcierto, consultó otra persona que pasaba por allí y esta aventuró una solución técnica: “Pruebe a hacer la compra con el navegador Firefox”. Hmm, podría ser. No lo tengo instalado en mi MacBook, pero sí en el iMac familiar de sobremesa, así que desde allí -y agotando nuevamente los 20 minutos de espera para tener opción a las mismas seis butacas, que ya consideraba mías- inicié por cuarta vez la compra de entradas.

Aplicación desactualizada

Esta vez funcionó: con Firefox, el TPV de Comercia me llevó a la pantalla del Banco Sabadell donde hay que confirmar la operación introduciendo un código de seguridad que generalmente recibes de manera instantánea a la aplicación móvil del banco. Y así fue: el iPhone me mostró una notificación … pero no pude ver el código para la aplicación del Banco Sabadell no se abría de ninguna de las maneras. En este caso sospeché enseguida qué pasaba: pocos días antes había actualizado el teléfono al sistema iOS14 y probablemente la aplicación, que no había usado desde entonces, aunque no era del todo compatible. Con el mismo aparato llamé al número de asistencia del banco (un 902, de tarifa no incluida en mi factura mensual de móvil), y después de pulsar la tecla 2 para ser atendido en catalán y escuchar la música de espera durante 14 minutos y medio, un operador me dijo -en castellano- que sabían que la aplicación no funcionaba bien con iOS14, pero desgraciadamente en ese momento no podía cambiar por siempre fiables mensajes SMS el envío de códigos de seguridad y un técnico me llamaría en un plazo de 24 a 48 horas para resolver mi problema. A todo esto, el plazo de 20 minutos se había vuelto a agotar y había que volver a empezar la sesión.

Ya con los nervios de punta, vi clara la solución: abrir el cajón, recuperar el teléfono Samsung Galaxy S10e que utilizaba hasta entonces y reactivar en ella la aplicación del Sabadell como canal predeterminado para recibir los códigos de seguridad . Hecho esto, pude llevar a cabo, al quinto intento !, la reserva y pago de las deseadas localidades, que recibí por correo electrónico a los pocos segundos y ya están en las aplicaciones Wallet del iPhone y PassWallet del Galaxy, esperando que llegue el día de la representación.

Cabe decir que la joya no fue completa: si bien recibí correctamente el código de seguridad para formalizar el pago, también perdí temporalmente la posibilidad de operar con normalidad con la cuenta. Lo más probable es que el sistema de seguridad del banco el bloqueo al detectar tantos intentos sucesivos de acceso desde dispositivos diferentes. La aplicación del Sabadell para iOS se actualizó el lunes y ya funciona correctamente en los teléfonos con la versión 14. Este jueves también recuperé la operativa regular de la cuenta, gracias a los nuevos códigos de seguridad que otra amable operadora -en esta ocasión, atendiendo me en catalán- me hizo llegar -por SMS!

Soy consciente de que el episodio entra dentro de la categoría de “problemas del Primer Mundo”, y que no todo el mundo se encontrará inmerso en un campo de Murphy como el mío, en el que me hacía falta utilizar una aplicación concreta precisamente durante el par de días que tardaron en actualizarla. Por otra parte, no me habría salido sin disponer de un segundo teléfono preconfigurado correctamente, lo que no todo el mundo tiene a mano. Pero es tan sorprendente que en 2020 todavía haya webs transaccionales que requieran el uso de un navegador web específico -incluso la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre permite descargar certificados digitales con cualquier navegador! – como preocupante que el comercio electrónico se base todavía en un rompecabezas de módulos con al menos cuatro implicados: el teatro, el servicio de taquillaje, la pasarela de pago y la entidad bancaria del cliente. Por favor, si se ponga a vender por internet, adopte los procedimientos modernos vinculados al dispositivo del cliente: si la web hubiera tenido integrado Apple Pay, Samsung Pay o Google Pay, habría tardado cinco minutos y no dos horas a tener las entradas. Todo sea por el arte y la cultura.

Publicado en el diari Ara
20200926

Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.

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