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La Internet norteamericana se acabó

POLAND - 2019/12/04: In this photo illustration a TikTok logo seen displayed on a smartphone with Chinese flag on the background. (Photo Illustration by Omar Marques/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Cuando Netscape apareció en 1994, dando pie a la Internet para consumidores, en la Tierra debía de haber unos 100 millones de PC, y la mitad de ellos estaban en EEUU. La web fue inventada en Suiza y los ordenadores en el Reino Unido, pero Internet era norteamericana. Eran norteamericanas las empresas que marcaban la pauta y creaban la mayoría de los productos y servicios importantes, y norteamericanas las actitudes, la cultura y la legislación que dominaban la regulación y la expresión.

Ahora ya no es así. El 80-90% de los internautas son de fuera de los EEUU, hay más usuarios de smartphone en China que en la suma de EEUU y Europa Occidental, y la creación de empresas incipientes financiadas por inversores se ha globalizado.

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Además, por el camino Internet se ha hecho muchísimo más importante. A lo largo de la pasada década ha pasado de ser una parte interesante y excitante, pero no realmente importante, de la vida de la gente, a ser una parte central de la sociedad. Mi modo preferido de ilustrarlo es que en 2017, casi la mitad de las relaciones (heterosexuales) en EEUU ya comenzaban en la red.

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Ello tiene dos conjuntos de consecuencias bastante claros.

En primer lugar, como ya expliqué aquí, la tecnología se está convirtiendo en una industria regulada, aunque sólo sea porque las industrias importantes y especializadas siempre lo están. Esa regulación no vendrá determinada únicamente por los EEUU. Los demás países tienen sus propias leyes, culturas y constituciones, y por eso estamos entrando en un periodo de creciente expansión regulatoria, solapamiento y competición entre diversas jurisdicciones, de la UE a Australia pasando por el Reino Unido o Singapur y, naturalmente, China.

En segundo lugar, ya no se puede dar por supuesto que las empresas y los productos importantes son norteamericanos.

Ambos aspectos confluyen en el caso de TikTok. No es la primera vez que los norteamericanos tienen que asumir que sus adolescentes consumen un tipo de medio de comunicación de masas que no ha sido creado en su país por gente que comparte en general sus valores. Viene de algún otro lugar. Y se complica porque ese ‘otro lugar’ es China, con todas las implicaciones políticas y geopolíticas que ello implica, pero yo diría que la cuestión principal, estructural, es que se trata de algo extranjero. Por supuesto que el resto del mundo lleva lidiando con este problema desde 1994, pero en Washington DC ha caído como una bomba. Un viejo chiste decía que la guerra es el modo que Dios tiene de enseñar geografía a los norteamericanos. Pues ahora es la regulación.

De esto se derivan muchas cuestiones. Una de ellas, por ejemplo, es la de cuántas empresas chinas de internet de consumo se expandirán a escala global y hasta dónde lo harán, en lugar de verse limitadas por su entorno de origen (vendría a ser como el ‘efecto Galápagos’ que afectaba a la tecnología japonesa. TikTok ha funcionado, pero WeChat fracasó). Otra es cuántos ‘unicornios’ surgirán de Europa: con qué rapidez su base poblacional, económica, científica y educativa producirá una cantidad proporcionada de grandes empresas tecnológicas (y de no ser así ¿por qué motivo?). Y una más: el debate de si ‘se acabó Silicon Valley?’, que lleva décadas vigente: cuando mi viejo colega Marc Andreessen llegó allí a comienzos de los 1990, creyó que todo había terminado y él se lo había perdido.

Podríamos pasar horas discutiendo sobre los detalles, pero parece claro que tenemos que dar por supuesta la difusión global de la creación de software y de la creación de empresas de internet. Da igual si Silicon Valley respresenta el 25% o el 75% de las 100 próximas empresas importantes: América del Norte ya no tiene el monopolio de la tendencia.

Por eso, el modo en que el gobierno de EEUU ha abordado la cuestión de TikTok en 2020 presenta todo tipo de inconvenientes, pero en mi opinión el más fundamental es que se ha comportado como si fuera un caso único, en lugar de comprender que representa la nueva normalidad: habrá centenares de casos como el de TikTok. No se puede considerar un caso aislado: hace falta un enfoque sistemático y repetible. Uno no puede andar preguntando por la ciudadanía de los accionistas de cada apli popular; se necesitan reglas que sean aplicables a todo el mundo. Hoy, las reglas proceden de Apple o de California, dos entidades que cada vez más son las que regulan en la práctica la privacidad en EEUU. Pero también procederán de la UE, que cada vez promulga más leyes que, con o sin esa intención, modifican la manera en que las empresas estadounidenses hacen negocios en EEUU. Y cuantas más reglas distintas tengamos en diferentes lugares, más se fragmentarán y complicarán las cosas. La regulación es una industria exportadora y competitiva.

Publicado originalmente en Benedict Evans.

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