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Los altavoces inteligentes valen la pena?

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Casi la mitad de los consumidores catalanes, el 47,7% según una encuesta de la dirección de Política Lingüística de la Generalitat, utilizan la voz para relacionarse con los dispositivos tecnológicos. Cabe decir que la mayoría lo hacen mediante el teléfono móvil, donde esta función ya les viene dada en forma de funciones como Google Assistant a los modelos con sistema Android y Siri en el iPhone, pero un 4% de la población consultada aseguraba hace un año tener ya un altavoz de los llamados inteligentes, mientras que un 34% expresaba el deseo de tenerlos. También sabemos que a escala mundial se trata de un mercado que crece: en el primer trimestre de este año se vendieron en el mundo 28,2 millones de unidades, un 8,9% más que en el mismo periodo de 2019. Por comparar, durante esos mismos tres meses se despacharon casi 350 millones de smartphones, y eso que hablamos de un trimestre malo por culpa de la pandemia.

Volviendo al ámbito más próximo, cuesta confirmar el grado real de penetración de estos altavoces en nuestros hogares por que los fabricantes, con Amazon a la cabeza (23,5% de las ventas mundiales, según Strategy Analytics), declinan dar cifras concretas de unidades vendidas por países, una resistencia que resulta sospechosa porque sólo un parque amplio de aparatos instalados conseguirá atraer el interés de los creadores de aplicaciones y de contenido sonoro.

Sin embargo, la persistencia de las marcas en lanzar modelos nuevos -las últimas en renovar y ampliar su gama han sido Amazon y Apple-, la promoción intensa como dispositivos tecnológicos de precio relativamente asequible y las señales cada vez más claras de que el catalán acabará formando parte de los idiomas con los que podremos interactuar con estos dispositivos hacen pensar que el fenómeno de los altavoces inteligentes no será efímero, y por eso vale la pena revisar hasta qué punto son útiles.

Hasta ahora mi experiencia no es muy positiva. No es por la supuesta falta de privacidad, un aspecto que preocupa a muchos compradores potenciales aunque no tengan ningún motivo: todos los modelos disponen de un botón que apaga el micrófono a voluntad -para los desconfiados: está comprobado que se apaga de verdad- cuando queremos asegurarnos de que no somos escuchados. Tampoco por la ausencia del catalán, que resulta molesta porque me obliga a cambiar al español o al inglés para dialogar con alguno de los cinco Amazon Echo de diferentes modelos y un par de Google Home que tengo repartidos por casa (sí, el negocio de las marcas se basa en la posibilidad de que te enganchen las funciones del primer altavoz que compras y quieras tenerlas al alcance en otras habitaciones del hogar). Como ya he dicho, confío que pronto podré utilizar mi lengua. Ni siquiera estoy decepcionado por la calidad de sonido: tengo asumido que son buenos reproductores de voz, pero no sustituyen a unos buenos altavoces convencionales cuando se trata de escuchar música y no sólo de oírla de fondo.

Nada de eso. Por ahora, el punto más débil de los altavoces inteligentes son las aplicaciones. Cada uno de los asistentes digitales tiene detrás una plataforma (Amazon Alexa, Google Assistant y Apple Siri son las principales, pero también están Cortana de Microsoft y Bixby de Samsung) que ofrece por sí misma las funciones básicas, como la búsqueda de información en internet, la gestión de alarmas y el control de determinados dispositivos, pero se puede ampliar con aplicaciones de terceros. Las aplicaciones para Alexa se llaman skills y, según Voicebot.ai, a comienzos de año había unas 4.700 para los altavoces vendidos en España. El incremento respecto a los 1.500 títulos disponibles en julio de 2019 es considerable, pero la variedad es muy escasa si se compara con las casi 71.000 skills que tienen al alcance los compradores de altavoces con Alexa en EEUU o incluso las 36.000 que hay en el Reino Unido. Claro que el inglés fue el primer idioma de Alexa (el alemán se incorporó más tarde y ofrece poco más de 10.000 skills), pero la diferencia todavía es abismal.

El principal inconveniente, sin embargo, no es la cantidad de aplicaciones disponibles, sino la calidad y su importancia. Amazon España declina detallar cuáles son las skills más populares, más allá de referencias genéricas a los juegos de preguntas y respuestas y en las recetas de cocina. Un vistazo a la cantidad de valoraciones en el catálogo español de Amazon lo confirma, aunque hay que añadir aplicaciones aún más superficiales, como las de chistes y las de horóscopo. El caso es que cuando quieres utilizar un altavoz con Alexa más allá de eso, compruebas que se queda muy corto. Cuando estoy en Londres, con sólo dos palabras (“Alexa, Commute”) la skill de Transport for London me indica cuánto tiempo me queda antes de salir de casa para ir al despacho, porque sabe a qué distancia de la estación vivo, dónde trabajo y, sobre todo, consulta en tiempo real los horarios de tren. Lo más aproximado que tenemos aquí es una skill de Renfe que me dice los horarios de AVE, y ni siquiera me ofrece comprar el billete. Las skills realmente transaccionales disponibles en español se pueden contar con los dedos de las manos.

También hay confusiones molestas. Las emisoras de la Generalitat tienen skills propias y puedo decirle al altavoz “pon” o “abre Catalunya Radio” cuando quiero escuchar este canal. Pero si le digo “pon Catalunya Informació”, Alexa me presenta un menú de opciones relacionadas con Catalunya y con la información, pero ninguno con el citado canal de noticias. Si quiero escucharlo debo decir específicamente “abre Catalunya Informació”. Encima, el contenido de las skills informativas no siempre está al día: no es extraño que si le pregunto a Alexa por la actualidad mientras me afeito antes de las ocho de la mañana me recite los titulares de las once de la noche anterior, no el boletín de las siete. Ni siquiera puedo elegir cómodamente un podcast, y menos un episodio concreto. En EEUU lo podría hacer porque existe una skill de PocketCasts, la misma aplicación que uso en los móviles, pero aquí no está disponible. La ausencia de títulos útiles que hay fuera de aquí es especialmente flagrante en casos como el de Guitar Tuner, un afinador de guitarra (le dices el nombre de una nota y la hace sonar) que ni siquiera necesitarían traducción.

Francamente, si aún no tiene usted ningún altavoz inteligente, no hace falta que se dé prisa. Es un segmento muy incipiente. Salvo que ya tenga electrodomésticos, luces, cerraduras, termostatos y persianas conectados y desee coordinarlos, le costará encontrar utilidad al altavoz: puede hacer lo mismo instalando la aplicación del asistente en el teléfono que siempre lleva encima. Y si la idea de escuchar la música con un altavoz inalámbrico le atrae, tendrá más flexibilidad con un modelo de calidad conectado por Bluetooth a su teléfono móvil.

Publicado en el diario Ara

20201025

Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.

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