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¿Los coches se quedan sin chips?

Treballadors de la indústria de l'automòbil en una cadena de muntatge. GETTY IMAGES

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La penuria de chips que el mundo vive desde hace meses está afectando seriamente la fabricación de coches, ordenadores, consolas, smartphones, equipos de telecomunicaciones y todo tipo de productos que incorporan semiconductores avanzados. Muchas fábricas de coches han tenido que cerrar parte de su producción y así estarán semanas. Es el caso de Toyota, Volkswagen (incluida la planta de Seat en Martorell), Ford, General Motors, Fiat Chrysler (ahora Stellantis) y Honda.

Por si fuera poco, el terremoto del fin de semana en el norte de Tokio ha obligado a detener la producción de una importante fábrica de semiconductores para el automóvil de la japonesa Renesas. Y, encima, el frío glacial que sufre el estado de Texas ha hecho que Samsung y NXP cerraran las grandes plantas de chips que ambas empresas inauguraron hace poco cerca de la capital, Austin, por falta de suministro eléctrico.

Esta escasez de chips tiene que ver con la pandemia de Covid-19, que hace un año desguazó durante meses todo el delicado y complejo sistema de fabricación, verificación y envío de los componentes. Cuando se empezaba a restablecer el suministro normal de chips, hubo un gran aumento de la demanda de ordenadores y de smartphones para trabajar desde casa y, después, de coches, que cada vez incorporan más chips y más sofisticados, entre otros productos de todo tipo.

La falta de componentes y de materias primas para hacerlos es tan grave que no se prevé que se vuelva a normalizar hasta finales de este 2021. La situación ha puesto de manifiesto la tremenda fragilidad del sistema de abastecimiento de componentes que tienen los grandes fabricantes de coches. Europa es la sede de los principales productores de componentes de automoción, como Bosch o Continental, que fabrican muchos chips o los encargan a otras compañías especializadas, como la citada Renesas, NXP (holandesa), Infineon-Cypress (alemana) y STMicroelectronics (suiza ). Entre las cuatro acaparan cerca del 80% del mercado mundial de chips para la automoción.

El problema se agrava porque, a su vez, estas compañías subcontratan la fabricación de los chips más sofisticados a TSMC y Samsung, que no dan abasto porque también fabrican para muchas otras empresas, desde Apple y Qualcomm hasta NVidia, AMD y Mediatek. En concreto, la taiwanesa TSMC, que trabaja por encargo, se ha convertido en un verdadero atasco, porque es la más grande del mundo y hace el núcleo de la inmensa mayoría de los productos electrónicos más sofisticados, como los procesadores de los smartphones , los ordenadores, los automóviles, los equipos de telecomunicaciones móviles o las videoconsolas de Sony y Microsoft.

Las sospechas de espionaje

De hecho, esta situación de falta de semiconductores ya se empezó a manifestar a mediados de 2019, cuando Donald Trump incluyó Huawei en una lista negra que prohibía a cualquier empresa de EE.UU. vender nada a este fabricante chino de equipos de telecomunicaciones y smartphones. Decía -sin dar pruebas- que los productos de Huawei podían servir para espiar los Estados Unidos, lo que la firma china siempre ha negado.

El tema se agravó aún más cuando el verano pasado Trump decretó, con efectos a mediados de agosto, que ninguna compañía del mundo que utilizara equipos o software diseñado o fabricado por empresas de Estados Unidos podría vender productos a Huawei. TSMC, a quien Huawei encomendaba muchos chips -incluido el procesador Kirin de sus smartphones más avanzados-, se vio obligada a dejar de venderlos. Como es natural, Huawei ya llevaba más de un año comprando semiconductores a raudales a todo el que tuviera, además de incrementar los pedidos a TSMC. Como resultado, se creó una demanda de chips extraordinariamente elevada hasta septiembre pasado, con el fin de abastecer Huawei y otras empresas en el punto de mira de los Estados Unidos.

El verano de 2020 la demanda de chips sofisticados aumentó más para nutrir los productos que se venderían en Navidad, como los procesadores de Qualcomm para el iPhone 12 de Apple y otros smartphones, ordenadores portátiles, servidores y consolas. Una tormenta perfecta que desde diciembre, coincidiendo con el crecimiento inesperado de la demanda de coches -sobre todo de coches eléctricos, que utilizan diez veces más chips que los de combustión- ha estallado con toda su magnitud.

En el territorio de EE.UU., con la excepción de Intel, prácticamente no se hacen chips. Todas las marcas, incluida la citada Intel, tienen grandes plantas en China y los más sofisticados los hace TSMC en la isla de Taiwán. Las americanas Qualcomm, Apple, Nvidia o AMD diseñan sus chips y encargan la fabricación a TSMC, como también hace Mediatek, otra empresa de Taiwán que se ha convertido en el principal fabricante de procesadores para smartphones.

Los Estados Unidos compran a China y Taiwán casi la mitad de los semiconductores que se fabrican en el mundo, para su inclusión en productos que serán consumidos tanto en EEUU como en otros lugares del mundo. China fabrica hacia el 15% de todos los semiconductores, pero su mercado interior es del 35%. Por lo tanto, compra fuera el 20% del mercado mundial de semiconductores, que es del orden de 450.000 millones de dólares.

China quiere la autosuficiencia

EEUU está horrorizado porque China aspira a ser mucho más autosuficiente en chips hacia el año 2025, y por eso Donald Trump comenzó una feroz guerra comercial con China, centrada precisamente en los chips, y Joe Biden no parece muy dispuesto a detenerla. Mientras tanto, Europa se ha acabado dando cuenta de que es la víctima colateral de este fuego cruzado entre las dos grandes potencias. Tanto la canciller alemana Angela Merkel como el presidente francés Emmanuel Macron han reclamado al gobierno de Taiwán y a TSMC que proporcionen los chips que sus fabricantes de coches necesitan. Y esta semana una alta representación de la nueva administración Biden ha hecho lo mismo. Mientras tanto, China no deja de recordar que considera Taiwán una parte de su territorio.

La Unión Europea está decidida a impulsar la creación de un gran conglomerado para la fabricación de chips y evitar esta fragilidad extrema. La situación no deja de ser paradójica, por ejemplo, el fabricante más importante de maquinaria para producir chips es la firma holandesa ASML, los Estados Unidos no le permiten vender a China, por ejemplo a SMIC (Semiconductor Manufacturing International Corporation ), porque en el diseño fotolitográfico de los chips utiliza software originario de EEUU. Ya no permitieron que TSMC vendiera chips a Huawei, aunque están fabricados con equipos de ASML. En consecuencia, Europa sufre directa e indirectamente los efectos del conflicto entre yanquis y chinos. Por eso la iniciativa de la UE en materia de semiconductores, orientada inicialmente crear procesadores de supercomputación, se está ampliando a componentes de consumo más masivo. Veremos si progresa.

Publicado en el diari Ara
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Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.