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Así tropiezan Facebook, WhatsApp e Instagram

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Durante las más de cinco horas que todos los servicios del universo Facebook permanecieron inaccesibles lunes de la semana pasada, el tráfico de datos en la red móvil de Vodafone España disminuyó un 6% respecto al mismo periodo de la semana anterior. Las llamadas convencionales de voz a teléfonos móviles se incrementaron un 40%, las llamadas de voz por Telegram lo hicieron un 190% y las de Skype un 210%. En ausencia de WhatsApp, incluso los mensajes de texto, que siempre están, disfrutaron de un largo rato de gloria: el volumen de SMS transportado por la mencionada operadora entre cinco y media de la tarde y la medianoche creció un 148% respecto al del lunes previo. Las otras compañías han comunicado patrones de consumo similares.

Como suele ocurrir en estos casos, muchos consumidores buscaron alternativas a los productos de Facebook. En concreto, la ausencia de WhatsApp hizo que las descargas de otras aplicaciones de mensajería se disparasen: según la consultora Sensor Tower, las instalaciones de Signal se multiplicaron por 12 respecto a un día normal y llegaron a las 881.000 ; las de Viber registraron un incremento del 630% y las de Telegram, un 530%. El dueño de esta última, el ruso Pavel Durov, lo explicaba así a los más de 626.000 suscriptores de su canal personal: «En un solo día hemos acogido más de 70 millones de refugiados de otras plataformas».

Cabe decir que descargar e instalar una aplicación nueva mientras no funciona la que usas de manera habitual no quiere decir que no vuelvas a esta tan pronto vuelva a funcionar. De hecho, la actividad en Facebook, Facebook Messenger, Instagram y WhatsApp ya ha recuperado niveles similares a los de siempre. Pero la incidencia del lunes 4 -el abuelo más grave que los sistemas de Facebook han sufrido desde hace años- ha permitido comprobar que para millones de internautas no disponer de las plataformas de Mark Zuckerberg representa un trasiego vital: aparte de los muchos usuarios que fueron a Twitter para quejarse de la caída y hacer bromas -lo que provocó algunos problemas de saturación, reconocidos por su director, Jack Dorsey-, otros optaron por distraerse de otras formas: según Vodafone, el consumo de Netflix de sus clientes en aquellas horas creció un 23% y el de TikTok lo hizo un 14%.

Más allá de las anécdotas personales sin trascendencia real -que levante la mano quien no agradeció aquellas horas de silencio al grupo de chat de familias de la escuela-, el caso es que la no disponibilidad de Facebook y sus plataformas vinculadas tuvo efectos tangibles. En el ámbito social, en mercados como India o Birmania, donde la palabra Facebook es sinónimo de internet para que el despliegue de la red social coincidió con la adopción generalizada de los teléfonos móviles con datos, el apagón de la plataforma equivale a dejar desconectadas amplias capas de la población.

Y, en el ámbito económico, las casi seis horas de inactividad también tuvieron consecuencias. No sólo para la misma Facebook, que en aquel rato dejó de facturar unos 900 millones de dólares, sino también para los millones de empresas de cualquier dimensión que dependen del tráfico que captan anunciándose en Facebook y Instagram (la eficacia media de estos anuncios altamente personalizados ronda el 10%, muy por encima de los anuncios digitales genéricos). Incluso los negocios que no venden directamente pero que en su momento cometieron la imprudencia de dejar en manos de Facebook e Instagram la visibilidad de sus productos y la posibilidad de comprarlos y en las de WhatsApp la comunicación con sus clientes , y que de este modo renunciar a una presencia digital propia. También se han visto afectados directamente millones de creadores de aplicaciones móviles, sobre todo videojuegos, que viven de los anuncios que la plataforma publicitaria de Facebook inserta en las versiones gratuitas de los productos.

Facebook se desconectó de internet

Aunque nadie ha hecho el cómputo global de los efectos económicos de la interrupción de los servicios de Facebook, pero seguro que fue muy considerable. Lo que sí conocemos, hasta cierto punto, son los motivos técnicos de esta interrupción: un error de configuración de algunos routers de la red de la empresa. En realidad, los servidores de la amplia red propia de centros de datos que atienden a los diversos servicios no dejaron de funcionar en ningún momento, pero no se podía acceder porque los usuarios les habían robado el plano para hacerlo.

Lo que conocemos como internet es realmente una red de redes, y la red de Facebook se desconectó del resto para que todos sus nombres de dominio (facebook.com, instagram.com, whatsapp.com y oculus.com son los más evidentes, pero también de otros de uso menos visible como fb.com) desaparecieron del sistema global DNS, el equivalente digital de los listados de números telefónicos que reenvían a los servidores adecuados las peticiones de los usuarios. El mencionado cambio de configuración hizo que cayera el sistema que distribuye el tráfico entre los múltiples centros de datos de Facebook mediante su red troncal, y el personal de la empresa tuvo que reconstruir a mano las llamadas tablas de encaminamiento.

Además, la restauración de los servicios no se pudo hacer de golpe, sino progresivamente para que las instalaciones eléctricas no deberían aguantado una recuperación general de la actividad. Y, encima, el proceso de recuperación se vio frenado por las dificultades que los empleados de Facebook tuvieron para comunicarse entre ellos (sus direcciones de correo electrónico no respondían). Tampoco funcionaban los sistemas de control de acceso físico a las dependencias, y les costó llegar a determinados servidores para hacer lo que los usuarios de informática conocemos tan bien: reiniciarlos.

Por lo menos, la incidencia del lunes 4 debería servir para que muchos ciudadanos y empresas sean conscientes de su grado de dependencia de las grandes plataformas digitales. Especialmente porque Facebook, a pesar de ser bastante grande, no llega ni de lejos a la dimensión de otras plataformas de la nube como Amazon Web Services y Microsoft Azure, que proporcionan la infraestructura subyacente de muchos servicios que sí son de primera necesidad, como la generación y distribución de energía o la gestión de la movilidad, entre otras muchas.

Por ello conviene recordar que los servicios de internet siempre terminan fallando en algún momento, y que generalmente terminan volviendo a la normalidad. Pero a algunos se les pueden exigir responsabilidades en forma de los llamados SLA (contratos de nivel de servicio, en sus siglas inglesas), mientras otros funcionan en régimen de best effort (haremos lo que esté en nuestras manos para prestarle servicio, pero no nos puede reclamar nada si dejamos de hacerlo). Quizás la mejor prueba que tenemos que asumir un cierto grado de incertidumbre es que el jueves 30 las aplicaciones de Facebook volvieron a caer durante exactamente un par de horas.

Publicado en el diari Ara
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Albert Cuesta

Periodista, analista, traductor i conferenciant especialitzat en electrònica de consum i tecnologies de la informació. És l’editor d’aquest blog, de l’edició en espanyol del butlletí Mobile World Live de la GSMA i del blog de l'Observatorio Nacional de la 5G. També col·labora al diari Ara, Catalunya Ràdio i TV3. ---------------- Periodista, analista, traductor y conferenciante especializado en electrónica de consumo y tecnologías de la información. Es el editor de este blog, de la edición en español del boletín Mobile World Live de la GSMA y del blog del Observatorio Nacional de la 5G. También colabora en el diario Ara, Catalunya Ràdio y TV3.